El punto de partida
Cuando el marcador está igualado al final del tiempo reglamentario, la prórroga entra en escena como un duelo relámpago; cada posesión vale oro. Aquí no hay margen para titubeos, la presión es brutal.
Duración y estructura
Una prórroga estándar dura cinco minutos. No hay tiempo extra para “calentarse”. Cada segundo cuenta, y el reloj no perdona. La regla es clara: si al terminar los cinco minutos sigue el empate, se repite otro bloque idéntico.
Tiempo muerto y sus límites
Los entrenadores disponen de dos tiempos muertos por prórroga, cada uno de 60 segundos. No se pueden acumular de una prórroga a otra; el reloj se reinicia con cada nuevo periodo extra.
Faltas y sanciones
Las faltas técnicas siguen su curso normal. Sin embargo, la acumulación de faltas personales lleva al jugador a la expulsión automática en la prórroga, sin posibilidad de retorno. La regla es dura, pero justa.
Regla de los 24 segundos
El reloj de tiro sigue activo. Si el balón cruza la línea de medio campo antes de que el reloj marque 24, el conteo se reinicia. Aquí la rapidez es la única aliada.
El tiro libre en la prórroga
En caso de una falta mientras el equipo está en posesión, el jugador recibe dos tiros libres. No hay “tres” como en el tiempo regular; la prórroga simplifica la cosa.
Cómo se decide el ganador
Al sonar el pitido final, el marcador determina al vencedor. No hay revisiones de video para decisiones de último segundo, a menos que sea una jugada de buzón. Entonces, el árbitro revisa y decide.
El factor psicológico
La presión mental se dispara. Los jugadores deben bloquear el ruido, concentrarse en la jugada, y ejecutar con precisión quirúrgica. Aquí la experiencia marca la diferencia.
Consejo práctico
Practica la salida rápida del balón después del rebote; esa jugada suele ser la que decide la prórroga. Y aquí tienes el deal: estudia bien reglas de prórroga antes de cada partido, porque el conocimiento es la mejor defensa.